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Music Box Festibala: I remember you

No sé cuando empezó todo, pero sé cuándo empezó para mí. Granada, año 2003. Plaza de la Facultad de Derecho. Astrud habían decidido reencarnarse en juglares para sacarse de la manga una gira callejera que llamaron muy acertadamente "Marginales". Tocaban gratis con instrumentos acústicos (flauta, clarinete, ukelele), vestían en plan medieval y cantaban a capella, sin micrófonos ni amplificadores ni nada por el estilo. Cero producción. A pelo. Se ponían a un palmo de sus fans y también tenían que convivir con el paseante, que confundía a Manolo y Genís con un par de extravagantes músicos callejeros a quienes lanzaba monedas al aire.

Por entonces Astrud eran la avanzadilla del indie estatal que venía de los 90, pero para los que estaban fuera de ese mundo -vamos, para la mayoría de la gente- eran unos completos desconocidos. Yo, sencillamente, floté. Los había visto en salas y en festivales, pero esto era algo totalmente distinto. Recuerdo que la versión de "With Whom To Dance" de The Magnetic Fields me atravesó el alma; les quedó sublime, tan desnuda y adorable como un cachorro peludo sacando la lengua y moviendo la cola de felicidad. Te entraban ganas de acariciar al que tenías al lado.

Una vez el cantautor donostiarra Rafael Berrio me contó que nunca había tenido un público tan underground como el de un concierto suyo en el bar Ruido Rosa de Granada. Se refería a que muchos de los asistentes eran otros músicos de la escena independiente de allí. El Ruido era, lo sigue siendo, el punto de encuentro entre aficionados al rock e ilustres músicos de la ciudad: J (Los Planetas), Eric y Antonio Arias (Lagartija Nick), Lapido (091), miembros de Lori Meyers, Niños Mutantes… Muchos de ellos también se encontraban en aquella plaza. Me sentía muy afortunado. Inmensamente rico. Estaba al lado de algunos de mis músicos favoritos. Luego tomamos todos juntos unas cervezas (con tapita gratis, of course) en el bar de al lado y nadie pareció darle mayor importancia al concierto. Yo también me hice el duro, claro.

Tenía 22 años. Ahora tengo 35. Desde entonces habré visto más de 1.000 actuaciones en directo. Los he olvidado casi todos, qué le vamos a hacer, pero recuerdo el de Astrud con especial nitidez. Probablemente porque ni el formato ni el lugar fueron los más habituales.

Aquí, en Donostia, estamos asistiendo a un master acelerado de actuaciones en directo en lugares insospechados. Se llama Music Box Festibala y es un proyecto diseñado al alimón entre la promotora local Ginmusica y Donostia 2016. Tiene el característico marchamo colaborativo-asociativo de la Capitalidad: trabajan con personas de esos lugares y con ayuda de los estudiantes de Arquitectura acondicionan los espacios para convertirlos en escenarios. Cajas de música los llaman. 

Devendra Banhart abrió el ciclo en mayo del año pasado en la sede de 2016. Bullet Proof Lovers y Corizonas rockearon en la fuente de la glorieta de Bilbao. Bill-Ryder Jones ofreció una deliciosa homilía pop en la Iglesia de Zorroaga. Delorean homenajeó a Mikel Laboa en la factoría marítima Albaola de Pasaia. Tindersticks iban a tocar en el bosque de Miramón, pero empezó a jarrear y acabaron dando una lección de elegancia en una sala de Tabakalera.

Ha habido más. Y quedan un puñado de citas en verano y otoño: Clem Snide, Los Punsetes, Belako… Quién sabe, igual te pasa como a mí. Igual pasan 13 años y sigues llevando dentro de ti aquel concierto indie que viste en un lugar que no venía a cuento.

¿Por qué #Donostia2016?
Extra de cultura para este verano